lunes, 17 de marzo de 2008

Kilmainham Gaol


La prisión de Kilmainham es uno de los puntos que uno no debe dejar de visitar cuando visita Dublín. Al menos para mí, aparte de las noches en los pubs con músiquilla en directo y platos típicos (bueno, el plato típico de Irlanda es algo bastante parecido a lo que sería aquí un plato combinado, es decir, grasiento y no demasiado rico), es lo mejor de la ciudad, a años luz de otros lugares también míticos pero que a mi me dejaron bastante frío (véase la fábrica de la Guiness, muy bien montada, no te digo yo que no, pero no deja de ser un monumento al márketing, como si vas a la fábrica de la Coca Cola, pero con ese regusto nacionalista de que la cerveza simboliza a Irlanda -algo así como si nos montamos un parque temático de la Estrella Galicia -que sabe infinitamente mejor que la Guiness, hecho que cualquiera puede comprobar en cualquier momento-).
A la prisión hay que ir en taxi, porque queda bastante alejada de lo que es el centro, y no hace falta intentar pronunciar bien el extraño nombrecillo ("Tu de Quilmaijan Gaul, plis", simplemente con decir, "Tu de prison, plis", ya nos entienden, porque supongo que será la única prison que hay, se ve que en Irlanda nadie es malo, y nadie va a la cárcel -creo que los delincuentes trabajan en los baños -véase anteriores artículos-). La prisión fue creada en el año 1796, y utilizada como tal hasta el año 1924. Cuando Irlanda se convirtió en un país libre (de ingleses) el gobierno de Leprechaums no quiso mantener ese edificio como cárcel, debido a que fue el lugar de ejecución, tortura y confinamiento en general de los líderes y participantes de las revueltas independentistas (sobre todo el infructuoso intento de 1916), por lo que se sumió en un abandono progresivo hasta que en 1976 se inició el proceso de convertirlo en un museo dedicado a los héroes nacionales (seguro que si van por allí algunos que yo me sé no dudarían en soñar con alguno así en Rentería). Muchos de los que trabajaron en su rehabilitación eran ex-presos, ya ancianos.


Toda la visita está destinada al reconocimiento de la labor de estos mártires de la causa, y la verdad es que consiguen el efecto buscado. La historia que más me impresionó sin duda fue la de Joseph Plunkett, que se casó con mujer horas antes de ser ejecutado, y se podían ver en una vitrina sus gafas y la última carta que le envió a su esposa.

Comienza la visita con un vídeo explicativo, en la antigua capilla de la prisión, en el que una guía que habla bastante rápido va relatando la historia de la represión sufrida. De ahí se pasa a las celdas, que se mantienen tal y como se construyeron a finales del siglo XVIII, en las que unos carteles encima de las puertas nos indican los nombres de los inquilinos más renombrados.


Acojonan bastante, sobre todo imaginando el frío que tenían que pasar los reos, dado que no tenían nada que los aislase del exterior, por lo que según parece las enfermedades estaban a la orden del día. De ahí se pasa a la gran sala, más moderna -del periodo victoriano-construída según los parámetros de los panópticos, que suena al visitante porque es donde se rodó la película "En el nombre del Padre", aunque estaba bastante atrezada para la ocasión.


La visita acaba en el patio de ejecuciones, lugar siniestro en el que unas simples cruces indican los lugares de ajusticiamiento (horca o pelotón de fusilamiento) de los condenados a muerte. Una enorme bandera irlandesa preside el lugar.


En fin, un lugar para comprobar que, evidentemente, el pueblo irlandés sufrió lo que no está escrito para conseguir su independencia, y para reflexionar un poco sobre el papel de los héroes de un país...llama la atención que al finalizar la visita, puedes votar electrónicamente si estás a favor o en contra de la pena de muerte...se supone que después de lo que se acaba de ver, el resultado sería lógico, ¿no?...pues miren, miren...penoso.

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